Un juego infantil…

Un juego infantil…

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  • Publicación de la entrada:24 de julio de 2021
  • Categoría de la entrada:Cuentos

 

Esa mañana de verano resultó ser muy solemne para la pequeña Sara de apenas ocho años, tendría que presidir los servicios funerarios de uno de sus diminutos compañeros de juego en los últimos días, un grillo, que había amanecido muerto en el patio de la casa y a quien, con minuciosidad, le construyó un ataúd de cartón de magnitudes milimétricas. Con extremo cuidado introdujo en él, con sus pequeños dedos, al insecto para que ninguna de sus frágiles antenas se rompiera.

Mientras hacía esto, recordó la gran curiosidad que provocaba en ella  “el canto” de los grillos escondidos entre las macetas de su madre y no pudo evitar pensar en que quizás en otra dimensión, también ella como humano, sería observada por otros seres gigantes que determinarían su destino.

En ese mundo que concebía en su imaginación, los seres humanos y en general toda la vida existente en la Tierra, era monitoreada y controlada por símiles titanes que examinaban el comportamiento de los humanos convencionales sin ser vistos por éstos, ya que eran seres etéreos que vivían en una dimensión distinta e inaccesible y que tenían un registro detallado de cada individuo observado.

En el universo de esos guardianes gigantes, los pequeños seres humanos -que creían ser independientes, libres y superiores a cualquier ser vivo en este planeta y fuera de él- eran simples objetos de entretenimiento para llenar las largas horas de aburrimiento que les generaba su vida de observadores.

En sus cavilaciones, Sara pensaba que podía disponer y utilizar a los insectos para sus juegos y a su vez que esos seres gigantes la usarían a ella y a todos los demás humanos para su diversión y que en algún momento ella, al igual que el grillo que estaba enterrando, también sería sepultada por sus guardianes.

– Sara… Sarita, de pronto creyó escuchar una voz grave, pero cálida dentro de su cabeza…

– Lo que estás pensando es real, siguió la voz, pero no debes comentarlo con nadie, si lo haces tu mundo de imaginación y el de muchos otros niños más estará perdido, así que deberás guardar el secreto y compartir tus pensamientos solo con nosotros, advirtió la voz.

– ¿Pero cómo podré comunicarme con ustedes?, preguntó confundida.

– Frente al espejo, dijo la voz, piensa en nosotros cuando estés frente al espejo y háblanos, ahí te responderemos lo que desees saber, pero solo podremos hacerlo en tres ocasiones y antes de que tu cuerpo comience a cambiar, así que piensa muy bien lo que quieras hablar con nosotros…

Sara al escuchar esto quedó impactada, pero diligente, como siempre era, guardó silencio, de cualquier forma, no había nadie a quien contarle lo que pensaba o sentía, los adultos a su alrededor estaban distraídos buscando el sustento familiar para ocuparse de ella, así que no dijo nada.

Pasado el tiempo, aunque aun siendo pequeña, y tal como la voz dentro de su cabeza le había indicado, buscó curiosa nuevamente el contacto con sus “guardianes”.

En una de tantas veces que se encontraba sola en casa se colocó frente al espejo y evocó, a través del recuerdo de la voz, a sus amigos imaginarios, éstos respondieron al instante, al no saber cómo llamarlos, les inventó un nombre…

– ¿Te puedo llamar Don Chema? Preguntó Sara con timidez al primero que le había hablado…

– Claro, respondió éste, pero solo por esta vez, ya que las siguientes ocasiones te responderán Desdémona y el Señor Spock, ¿de qué quieres hablarnos hoy o qué deseas saber?

– ¿Quiero saber por qué nací? Siempre estoy sola y no me siento feliz en esta vida, cuestionó una compungida y dramática Sara.

– Resulta muy profunda tu pregunta, aunque no es nueva, muchos seres humanos se la han hecho desde tiempos inmemoriales, lo cierto es que no existe una razón particular. El nacimiento de los seres humanos es resultado de un accidente fisiológico, más no de un plan celestial como muchos creen, y justo ahí es donde está el encanto de la vida, el poder crear el proyecto de tu propia existencia. Cada quien construye su objetivo de vida, pero no hay un por qué o para qué. Tal vez ahora a tu corta edad no lo entiendas, porque te hace falta vivir, conocer, experimentar, equivocarte, aprender, pero cuando todo eso llegue a tu vida irás respondiéndote poco a poco tu pregunta.

De tanto en tanto la rutina de Sara implicaba esos juegos frente al espejo. Unas veces establecía largas conversaciones con esos extraños seres que estaban en su mente, otras se impostaba en algún personaje que su imaginación le inspiraba, no en vano en familia era llamada Ofelia Guilmáin, en referencia a la dramaturga mexicana de origen español de la llamada Época de Oro del cine mexicano.

Ahí, en esas representaciones, podía zafarse del grillete de la timidez que en su corta vida se había instalado como un perro rabioso, y, justo en esos encuentros con el espejo, se podía escapar de él para ser libre, así frente al espejo, solo ella, su reflejo y el espejo, sin nadie que la juzgara.

Justo antes de cumplir los diez años, Sara no dejaba de cuestionarse otro tema que la afectaba directamente, pues dentro de su propia familia se habían derivado profundos conflictos debido a eso, ya que sus padres profesaban religiones distintas. Por ello invocó nuevamente a sus amigos imaginarios…

– Señor Spock ¿quiero saber por qué existen tantos dioses en el mundo?, es muy complicado saber cuál es el verdadero, por ejemplo, ¿quién es tu Dios y por qué existen ustedes?

– Demasiadas y complejas preguntas para una niña de tu edad, respondió el Señor Spock, pero intentaré explicar cuál es nuestra verdad, porque debes saber que, en este tipo de temas y en otros más, existen muchas versiones de lo que la gente cree que es verdad. Comencemos por responder la última de tus preguntas, nosotros no tenemos un Dios, existimos porque tú nos haces existir. Por otro lado, la creencia de que existe un Dios que todo lo puede y que todo lo crea, es una idea que los hombres inventaron desde hace miles de años. En las culturas antiguas existían dioses para cada cosa, por ejemplo, el dios del amor, de la guerra, de los mares, de los cielos, del viento, de la música, de la sabiduría, del vino, de la caza, de la fertilidad, y… ¡muchos, muchísimos más! Después los seres humanos decidieron que ya no querían tantos dioses, que ahora existiría un solo Dios, pero cada pueblo, cada cultura tuvo una idea diferente de cómo quería que fuera su Dios y de cómo quería adorarlo, así que se crearon las religiones, y como cada cabeza es un mundo, cada hombre y cada religión cree que profesa la verdadera fe, así que por ello se han derivado todos los conflictos que ves entre religiones. Pero lo que debes tener claro es que todos los dioses antiguos, actuales y futuros, están en la mente de cada uno de los hombres y mujeres que creen en su existencia, así que tú puedes creer o no creer, pero siempre basándote en la duda…

Al escuchar esta explicación a Sara le surgieron más dudas que habría de resolver a lo largo de su vida, justo como Don Chema le había advertido: “te hace falta vivir, conocer, experimentar, equivocarte, aprender, pero cuando todo eso llegue a tu vida irás respondiéndote poco a poco tu pregunta” …

Un año más tarde, en una fresca mañana de otoño, justo al día siguiente de haber cumplido once años, algo para lo que no estaba preparada apareció de manera súbita y sin avisar, acompañado de un malestar físico que era nuevo para ella. Los espasmos aparecieron y de pronto su ropa interior y hasta la exterior se tiñeron de rojo, su regla había llegado y con ello los cambios en su cuerpo.

En la escuela, entre sus compañeras se hablaba veladamente de ese momento, pero nadie le explicaría lo que significaba o lo que le ocurriría a su cuerpo. Sintió vergüenza y cierta angustia porque la menstruación en su ámbito era un tabú que se guardaba con recelo y pudor, pero también una profunda e inexplicable tristeza, no solo porque intuía que su vida de niña llegaba a su fin, sino porque recordó que éste sería el momento de decir adiós a sus extrañas comunicaciones…

– ¿Será que ya no vuelva a saber de ellos? Se preguntaba con inquietud y preocupación al tiempo que se miraba frente al espejo como queriendo asomarse más allá de su propio reflejo. Mi cuerpo ya empezó a cambiar y Don Chema me advirtió que en ese momento se cancelaría nuestra comunicación, pero… ¡aún tengo muchas preguntas por hacerles!, se lamentó internamente, casi al punto del llanto.

– ¿Y cuáles serán esas preguntas?, inquirió de pronto una voz cálida y maternal a la pequeña preadolescente, quien no ocultó su emoción.

– ¡¿Desdémona?! ¡Qué alegría que aún estén aquí!, ¡hoy es un día horrible para mí, me siento tan enferma, sucia, no me gusta estar dentro de mi cuerpo!, exclamó Sara con impotencia…

– ¿Enferma?, pero si lo que te está pasando es una muestra de que gozas de plena salud, es cierto que es el día en que tu cuerpo comienza a ser fértil, pero no solo eso, tu cuerpo y tu vida se están desplegando…

Con estas palabras las largas sesiones conversatorias de Sara con Don Chema, el Señor Spock y Desdémona llegaron a su fin. No volvió más a hablar con el espejo, se terminaron las persecuciones de insectos que le amenizaban sus juegos infantiles, dando paso a otros juegos que le ayudarían a continuar respondiendo los cuestionamientos que muchas veces la inquietaban, aunque de vez en vez seguía hablándole a nuevos amigos en la intimidad de su mente…

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Arayon

    Historia tierna, sencilla y me atrevería a decir “familiar” para muchos. 😉

  2. Luz Rosas

    Hola !!’ Quien es el autor de este cuento ?

    1. Alejandra Noguez

      Yo soy la autora, muchas gracias por tu lectura, saludos!