Comer, una experiencia de vida

Proveniente de una familia numerosa, cada reunión en casa de mis padres, se convertía en una romería. Siempre nos sentábamos alrededor de la mesa a disfrutar del trabajo colectivo que habíamos compartido: cocinar, poner la mesa, servir, hacer mandados, preparar los tragos, etcétera. Pero, sobre todo, conversábamos, escuchábamos las historias de nuestros padres, bromeábamos, nos sentíamos parte del otro, nos queríamos con esa convivencia.

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El placer de aprender…

Uno de los grandes placeres que le he descubierto a la vida es el aprendizaje. Aprender a conducir un auto, aprender a cocinar, aprender otro idioma, aprender un oficio o una profesión, aprender a hacer negocios, aprender de la vida en otras culturas, aprender de la historia de la humanidad, aprender de la ciencia, aprender de nuestra propia cultura, aprender del arte, aprender de las religiones del mundo, aprender de los lugares que visitamos… Aprender, qué hermosa palabra...

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Llenando el jarrito

Desde hace algunos años, derivado de mis interminables diálogos internos, cada mañana al comenzar mi día, me pregunto: ¿con qué vas a llenar tu jarrito hoy? Las opciones están en la mesa, yo decido cuál de ellas tomar. Ustedes dirán, “ahí viene la señora de las analogías”, ¡y pues sí!…

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