Comer, una experiencia de vida

Proveniente de una familia numerosa, cada reunión en casa de mis padres, se convertía en una romería. Siempre nos sentábamos alrededor de la mesa a disfrutar del trabajo colectivo que habíamos compartido: cocinar, poner la mesa, servir, hacer mandados, preparar los tragos, etcétera. Pero, sobre todo, conversábamos, escuchábamos las historias de nuestros padres, bromeábamos, nos sentíamos parte del otro, nos queríamos con esa convivencia.

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Alimentemos nuestras relaciones

Cuando era niña mi madre siempre me “invitaba”, con dos chanclazos de por medio, a ocuparme del riego de sus macetas diciéndome: “en lugar de cortar mis plantas mejor échales agua, ya te lo agradecerán cuando florezcan.” Y es que en esa época me encantaba escudriñar las macetas de la…

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